Habíauna vez una hormiguita llamada Pepita la cual era muy trabajadora y vivía con miles de hormiguitas. Ella quería saber cómo podría llevar más granos para que no les faltara alimento para el invierno pues las había hormiguitas enfermas que pensaban que tal vez morirían de hambre.
Unhombre serio y metódico que respira balonmano 25 horas al día; una hormiguita analizando rivales, jugadores y tácticas; de los que acaban de cenar y no demoran su vuelta al tajo; “un
Estoera una hormiga que, muerta de sed, se había acercado demasiado a la orilla del río y había caído en sus aguas. -¡Socorro!¡Socorro! -pedía la pobre hormiga, arrastrada por la corriente. Una paloma, que la había visto, quebró una ramita de un árbol y la arrojó al río para que la hormiga se subiera a ella y se salvara.
No que es una golosina. Pensolo más, y se fue a una tienda, donde compró un poco de arrebol, se lavó, se peinó, se aderezó, se puso su colorete y se sentó a la ventana. Ya se ve; como que estaba tan acicalada y tan bonita, todo el que pasaba se enamoraba de ella. Pasó un toro, y la dijo:-Hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?-¿Y cómo
Valores Había una vez una hormiga que se pasaba el día tomando el sol mientras sus compañeras trabajaban duro reuniendo comida. -¡Eh, tú, hormiga holgazana! ¡Muévete!
Convivircon una incomodidad que es probable que siga ahí después de cerrar el libro. He escrito este libro porque temo la vejez. A pesar de que la senectud apenas
Mientrastanto, la hormiga que una vez había sido tan productiva y relajada, detestaba toda esta sobrecarga de papeles y reuniones interminables donde perdía la mayor parte de su tiempo. El león entonces llegó a la conclusión de que había llegado el momento de contratar alguien que se hiciera cargo del departamento donde la hormiga trabaja.
CuentoLa fábula del dinero: adaptación de la antigua fábula oriental. Érase una vez un hombre muy sabio que, al llegar a la vejez, acumulaba más riquezas de las que te puedas imaginar. Había trabajado mucho,
Eltoro se puso a rugir; la hormiga se tapó los oídos con ambas patas. -Sigue tu camino -le dijo al toro-, que me asustas, me asombras y me espantas. Y lo propio sucedió con un
Habíavez y vez una hormiguita tan que cacareó. Todos causaban alejamiento a la hormiga; ninguno se ganó su voluntad, hasta que pasó un ratonpérez 2, que la supo
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habia una vez una hormiguita que estaba muy enamorada